Construcción con botellas de PET

Los cimientos de algunas casas en México ya se sostienen de botellas de plástico, de polietileno tereftalato, de PET. 

Este material se comenzó a usar desde el año 1976 como una opción más resistente a comparación del vidrio, también resulta mucho más barata su fabricación, y al ser inocuo garantiza una óptima conservación de los productos, pero sobre todo, es completamente reciclable.   

Actualmente, México es la nación que lidera el acopio y reciclaje de PET en el Continente Americano. Sin embargo, aún usa más del que se recicla. Opciones como la construcción de edificios con este material, es un aliciente. 

El consumo de PET en el país asciende a 722 mil toneladas al año, también se sabe que nuestro país tiene el primer lugar en cuanto a consumo de agua en botellas de este material y el segundo lugar en refrescos. No obstante, solo el 50.4 por ciento se recicla.

En 2017, ciudadanos movidos por la solidaridad no sólo ayudaron con agua embotellada a los damnificados por el sismo que sacudió parte del territorio mexicano ese año, sino que con estos desechos, fueron levantadas sus viviendas. 

Las asociaciones Viviendas Emergentes (VIEM) y Ciudadanos Uni2 lanzaron ese año una convocatoria para la construcción de casas sustentables para quienes resultaron afectados por el temblor de septiembre. 

Una casa promedio de este proyecto, tiene características como ser ligera, segura, mide entre 60 y 64 metros cuadrados, es resistente, térmica, sustentable, cuenta con un sistema de captación de agua, y puede durar de dos a cinco años sin mantenimiento y con una vida de hasta 30 años. 

Por metro cuadrado, se necesitan 80 botellas de más de un litro. Es decir; para una vivienda de estas dimensiones, se requieren 15 mil botellas. 

Para la fabricación de estas casas se usan botellas rellenas con arena, tierra, escombros e incluso de las mismas bolsas de plástico. Estas tendrán la misma función que los ladrillos, pero con la ventaja de ser ecológicos. 

En esta labor han ayudado jóvenes de diferentes carreras como arquitectura, ingeniería en sistemas, diseño industrial, entre otras. Ellos se han sumado como voluntarios para implementar esta técnica con el fin de ayudar a gente también de escasos recursos. 

La abogada Ingrid Vaca Diez también empleó este material ante la necesidad de un estudio con más espacio y a menor costo. Ella desarrolló esta técnica de manera autodidacta. Gracias a esto fue conmemorada con la medalla de oro al mérito medioambiental en Santa Cruz de la Sierra, Colombia. 

Su proceso consistió en llenar botellas con arena para posteriormente unirlas con una mezcla de barro que al solidificar da como resultado un ladrillo lo suficientemente fuerte y resistente para poder ser usado en la construcción. 

La estructura de la casa es construida de manera tradicional, desde las varillas de apoyo hasta las ventanas, sin embargo, con la utilización de ladrillos ecológicos se tiene la ventaja de abaratar costos y tener una casa habitable en un promedio de 20 días.  

Para una casa de 38 metros cuadrados se estima que se utilizan alrededor de 8 mil botellas plásticas, siendo éste el principal reto para una construcción de este tipo, ya que no se pueden utilizar botellas pisadas o maltratadas, es preferible que todas sean del mismo tipo o medidas similares y deben incluir la tapa.  

La construcción de estas casas, hasta ahora se ha centrado en acciones humanitarias, construyéndolas mayormente en las zonas rurales con alto índice de pobreza para dar un hogar digno a familias de escasos recursos.