alimentacion y medio ambiente

Dicen que somos lo que comemos y al parecer, nuestro planeta también es un reflejo de lo que somos. Vivimos en un mundo enfermo, contaminado y sobrepoblado, lo cual se refleja claramente en sus habitantes, quienes padecemos diversas epidemias que deterioran nuestro nivel de vida y no me refiero solamente al COVID-19; sino a la diabetes, la obesidad, la hipertensión y el cáncer.

La relación entre estas enfermedades y la forma en que deterioramos el planeta es clara. Contaminamos nuestro hábitat y al mismo tiempo nos contaminamos a nosotros mismos. Sobre todo bajo esa visión antropocéntrica que priva en la actualidad: medir el daño al medio ambiente, desde la perspectiva de lo que nos perjudica como especie.

Bajo esta premisa, tendríamos que empezar por cada uno de nosotros y sí, estás a punto de leer la misma cantaleta de que “el cambio está en uno mismo”, una de las frases mejor acuñadas en la historia de la humanidad.

Así, la forma más profunda e íntima de comenzar este cambio no es desde nuestras acciones externas, sino desde nuestra mentalidad en primer lugar y en segundo, desde lo que somos, desde lo que nos nutre y nos alimenta, pues una de las primeras acciones con las que el ser humano desequilibra un ecosistema es la producción de alimentos.

Por ejemplo, de acuerdo con la FAO, para producir un solo kilo de carne se necesitan entre 5 y 10 mil litros de agua, 2 mil 500 litros para medio kilo de queso y mil más para un litro de leche. Sin mencionar la depredación de selvas y bosques que ocasionan las malas prácticas de algunos ganaderos a nivel mundial.

Los veganos estarán felices y vanagloriándose hasta este párrafo, pero si consumes leche de almendras, solo diste un paso de la explotación del ganado bovino a la esclavización de las abejas polinizadoras de almendros.

Según un reportaje de The Guardian, 50 mil millones de abejas murieron en el invierno de 2020 por los pesticidas y la sobreexplotación a la que fueron sometidas por productores del Valle de California para satisfacer las necesidades de una industria cuyo crecimiento ronda el 250% anual y cuya demanda es cubierta en un 80% por esta región.

Otro de los productos favoritos de la dieta vegana es el aguacate, ese oro verde que genera una demanda de 5 millones de toneladas anuales en todo el mundo con una derrama de 6 mil 500 millones de dólares. Cinco de cada diez aguacates salen de Michoacán para satisfacer las necesidades globales, principalmente de los Estados Unidos, que se ha convertido en el principal consumidor del orbe con un 30% de la producción.

Según el blog del Foro Económico Mundial (WWF por sus siglas en inglés) este estado mexicano diariamente consume 9 mil 500 millones de litros de agua para la producción de aguacate sobre explotando los mantos acuíferos y provocando que se incrementen los sismos en la región.

Una hectárea de aguacate con 166 árboles consume 1.6 veces más agua que una de bosque con 677 árboles y este cultivo ha desplazado rápidamente a las especies nativas de pino y encino que originalmente dominaban la región. Cada año se pierden entre 600 y mil hectáreas por esta razón y poco a poco el daño comienza a presionar los santuarios de la mariposa monarca.

Esto sumado a la violencia que priva en la región, el daño que causan los pesticidas en los pobladores y los salarios que se cobran sus jornaleros debería concientizarnos para pensar dos veces antes de pedir un delicioso toast de aguacate en nuestro restaurante favorito o preparar un rico guacamole para la carne asada del domingo.

Se dice mucho de Latinoamérica cuando hablamos de deterioro ambiental, pero dudo mucho que las enormes extensiones de uva que dominan las regiones vitivinícolas de la Rioja o Burdeos hayan ganado terreno de forma natural, aunque el daño se gestó hace tantos años que ya nos parece normal. Al igual que los enormes campos cerealeros de Castilla y León.

Cuando haces el Camino de Santiago por la ruta francesa atraviesas tanto La Rioja como Castilla y León, este tramo se llama Camino Espiritual porque avanzas en veredas rectas a través de miles de sembradíos, en muchas ocasiones completamente solo y cuando te detienes, es impresionante voltear a tu alrededor y ver los millones y millones de hectáreas de todos los cultivos mencionados anteriormente, pero… ¿qué había antes ahí?

La globalización ha sometido a una enorme presión a la agricultura mundial, el sueño de todos los productores es exportar a países lejanos donde sus cultivos son considerados exóticos y por ende valen más dinero, incrementando la huella de carbono por todo el proceso de logística que genera su empaque y traslado.

Cuando hablamos de proteger al medio ambiente, no importa si eres fan de la carne, vegano o vegetariano, una dieta sustentable debería estar basada en consumir alimentos de temporada, producidos artesanalmente y que vengan de sitios lo menos alejados, en la medida de lo posible, de las regiones donde habitamos. Las cantidades también son importantes, pues las compras de impulso generan un desperdicio de alimentos que pone en jaque a los sistemas de recolección de residuos.

Las civilizaciones que tienen una mejor relación con el medio ambiente son aquellas que tienen una mejor dieta y por ende, expectativas de vida más altas. Podemos cambiar nuestros hábitos y elegir mejor lo que comemos mejorando el cuerpo y el planeta que habitamos o continuar como vamos destruyéndonos a nosotros mismos y nuestro planeta. Al final, la decisión es de cada uno de nosotros... las consecuencias las pagarán las generaciones que vienen.