Granjas de algas para generar biocombustible

Microalgas, ¿una fuente de energía verde? Sí, generar combustible a través de este organismo acuático es posible.

En una era en la que la tendencia es verde, pintada por el afán de reducir el daño al planeta, la opción son los biocombustibles. Estos ofrecen ventajas como una menor producción de gases causantes del efecto invernadero y partículas contaminantes, mejoran el desempeño de vehículos, entre otras.

La humanidad ha experimentado con diversas materias primas para generar biocombustibles. Del maíz, por ejemplo, es posible extraer etanol. Es un cultivo renovable y absorbe dióxido de carbono durante su crecimiento, pero económicamente no es tan viable debido a su demanda. Tan solo de 2017 a 2021 el precio de la tortilla aumentó en un 6.15%.

En la búsqueda de otros recursos para generar energía limpia o sustentable para proteger al medio ambiente han destacado las llamadas granjas de mar donde se cultivan algas. 

La esperanza en éstas es tal que ha sido llamado el combustible del futuro. Entre los beneficios de su uso, destaca el que surge espontáneamente, sin necesidad de procesos complejos de cultivos, ni el uso de fertilizantes, y es una fuente de energía renovable. 

Las microalgas, gracias a su alto rendimiento de producción de lípidos y su perfil de ácidos grasos, son una alternativa para producir biocombustibles. Sin embargo, todavía se presentan desventajas como que el costo de este proceso es elevado. A razón de ello, expertos trabajan en el desarrollo de tecnologías para reducirlo. 

Como un ejemplo destacable podemos mencionar el de la NASA, que realizó una investigación sobre el tema con el objetivo de aprovechar las aguas residuales para hacer crecer las algas sobre ellas. 

Las aguas residuales tienen nutrientes que son útiles para el crecimiento de las algas ya que actúan como fertilizante. 

Aún, el proceso de traslado del agua hacia los estanques de algas es muy costoso, por lo que se busca invertir los papeles y llevar las algas al agua a crecer.   

La parte experimental de este proyecto consistió en meter las algas en bolsas de plástico para después depositarlas sobre el agua residual, para que al flotar ahí absorban nutrientes y crezcan.

Se calcula que con este método, con una granja de cinco kilómetros cuadrados se podrían obtener hasta nueve millones de litros de biocombustible al año. Otra ventaja es que no se requiere de un sistema de enfriamiento.  

No obstante, un “pero” a este proyecto es la cantidad de plástico que se usaría, debido a que deben ser cambiados cada año, además de que las bolsas que deben ser sustituidas periódicamente por factores como el clima.

En este ámbito, también resalta una investigación realizada por el Instituto Wrigley de Estudios Medioambientales de la Universidad de California del Sur, donde los científicos se centraron en una variedad de algas de la especie macrocystis pyrifera, la cual crece de forma rápida. 

Trabajar con esta alga ha sido un reto para los investigadores, ya que necesita la luz del sol, por lo que no puede descender a más de veinte metros de profundidad. Por otro lado, requiere nitratos y fosfatos que se encuentran a mayor distancia de alrededor de ochenta metros al fondo. 

Para resolver este problema, los científicos crearon un armazón fabricado con fibra de vidrio y acero inoxidable, el cual puede variar su posición a diferentes alturas en el agua. Esto permite que las algas se mantengan a bajas profundidades durante el día para aprovechar la luz solar y en la noche desciendan para absorber los nutrientes del fondo. 

Con este experimento, los investigadores tienen grandes expectativas, pues comprobaron que, con este método, la biomasa que se usa para producir el biocombustible se cuadruplicó. Además constataron que factores como una mayor presión a una profundidad más alta, no afecta en su crecimiento. 

Las empresas Oceans of Energy y Seaweed Company instalaron una de las primeras granjas solares marinas del mundo en el Mar del Norte, frente a la costa holandesa. En un mismo espacio se conjuga la producción de energía solar y el cultivo de algas. Gracias a su viabilidad y potencial ha recibido fondos de la Unión Europea.